jueves, 23 de noviembre de 2017

Para cuándo la inteligencia artificial fuerte


Ramón López de Mántaras
Se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. En otras palabras, cuesta mucho aprender de la historia (especialmente cuando no se enseña) y aprender de los propios errores. Esto está ocurriendo en relación con el campo de la Inteligencia Artificial. En el artículo anterior mencioné que los creadores del nombre de esta disciplina predijeron que en 10 años se obtendrían resultados espectaculares. Veinte años después se lanzaron las campanas al vuelo cuando se inventaron los sistemas expertos. En 1990, Ray Kurzweil predijo, en su libro The age of intelligent machines, que la inteligencia artificial fuerte llegaría para el año 2000. En 1999, cuando vio que no se iba a cumplir su predicción, la trasladó al 2010 en su nuevo libro The age of spiritual machines. Como esta predicción tampoco se cumplió, entre 2009 y 2014 la retrasó hasta el 2029. Parece que últimamente hace predicciones menos optimistas en este campo, aunque ha pasado a hacerlas sobre la inmortalidad, como mencioné en otro artículo.
Últimamente, los medios están volviendo a lanzar las campanas al vuelo anunciando la inteligencia artificial fuerte, la de verdad, para dentro de tres años, o como mucho diez. ¿Qué dicen al respecto los verdaderos expertos, los que investigan sobre inteligencia artificial? Citemos a Ramón López de Mántaras, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA, del CSIC), Premio Donald E. Walker de Inteligencia Artificial en 2017, galardonado con el EurAI Distinguished Service Award en 2016, Premio Nacional de Informática 2012, y Robert S. Engelmore Award de la Association for the Advancement of Artificial Intelligence (AAAI) en 2011:

jueves, 16 de noviembre de 2017

Qué es la inteligencia artificial


Hal 9000, de la película 2001, una odisea del espacio
Últimamente se está abusando de los términos inteligente e inteligencia artificial. Veamos algunas noticias recientes que han aparecido en diversos medios de comunicación:
  • Bancos inteligentes con carga móvil gratuita por energía solar y acceso a Wi-Fi. Estos bancos públicos callejeros instalados en Londres por la empresa Ford incorporan un repetidor de wifi y una placa solar que les da energía para cargar un teléfono móvil. ¿Dónde está la inteligencia del banco? En ninguna parte. En todo caso, la inteligencia corresponde al ser humano al que se le ocurrió montar esos dispositivos. Lo contrario sería como decir que nuestras casas son inteligentes porque tienen luz eléctrica y una conexión a Internet.
  • China implanta cubos de basura inteligentes. También en este caso el cubo de basura incorpora una placa solar conectada a un cargador de teléfonos móviles. En el futuro dispondrán también de repetidor de wifi y de un dispositivo para desinfectar la basura con rayos ultravioleta. Como en el caso anterior, se confunde la mera presencia de un dispositivo eléctrico o electrónico con la inteligencia.
  • Goodyear prueba un neumático que predice cuándo debes cambiarlo. El neumático lleva incorporado un sensor inalámbrico que detecta cuando debe ser reemplazado y lanza el aviso correspondiente. Aunque este caso es algo más complejo que los dos anteriores, de nuevo se llama inteligencia a lo que no lo es, pues para implementarlo basta con un sensor y un dispositivo electrónico sencillo, más o menos equivalente a esos radio-dispositivos que desde hace décadas se incorporan a los animales salvajes para seguir sus desplazamientos y vigilar sus actividades.
Como se verá, lo que ahora llaman inteligente es lo que antes se llamaba automático. Pero claro, la palabra inteligente tiene más gancho, por eso se abusa de ella. En la misma línea, últimamente se tiende a llamar inteligencia artificial lo que antes se llamaba informática.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Las apuestas de Pascal y de George Smith


Blaise Pascal
Blaise Pascal (1623-1662) es conocido por su actividad matemática (inventó el triángulo de Pascal), física (demostró el principio de Pascal, inventó la prensa hidráulica, hizo experimentos sobre la presión atmosférica) y especialmente por sus Pensées (Pensamientos), uno de los cuales contiene el primer ejemplo conocido del uso de la teoría de juegos, cuyo desarrollo teórico tuvo que esperar hasta el siglo XX. Este ejemplo es la famosa apuesta de Pascal, que expresó así:
Dieu est ou il n’est pas. Mais de quel côté pencherons‑nous?... Pesons le gain et la perte en prenant croix que Dieu est. Estimons ces deux cas : si vous gagnez, vous gagnez tout, si vous perdez, vous ne perdez rien. Gagez donc qu’il est sans hésiter. 
Cuya traducción española es:
Dios existe o no existe. ¿De qué lado nos inclinaremos?... Pesemos la ganancia y la pérdida, suponiendo que Dios existe. Estimemos los dos casos: si ganas, lo ganas todo; si pierdes, no pierdes nada. Apostad pues, sin dudarlo, por su existencia.

jueves, 2 de noviembre de 2017

El fin de la humanidad


Lord Kelvin
En un artículo anterior en este blog hablé del mito de la Ilustración, que dio lugar a la teoría del progreso indefinido y a la previsión de avances enormes para la humanidad, que estarían a su alcance en un futuro no demasiado lejano. A pesar de que la primera mitad del siglo XVIII supuso un freno en casi todas las actividades culturales de nuestra civilización, incluida la ciencia, ellos estaban encantados de haberse conocido. Friedrich Melchior, barón von Grimm (1723-1807), lo expresó con inigualable candor, con estas palabras [1]:
El siglo XVIII ha superado a todos los demás en los elogios que se ha prodigado a sí mismo.
Una de las ideas que se puso en boga por entonces fue la de que los avances científicos permitirían al hombre alcanzar la inmortalidad en breve plazo. Aunque la idea se remonta a Roger Bacon como algo posible, aunque muy lejano, a finales del siglo XVIII parecía mucho más cerca. De ahí la anécdota que se cuenta de la octogenaria mariscala de Villeroi, que al asistir al ascenso del profesor Charles en un globo de hidrógeno, exclamó:
Si, es cierto; descubrirán el secreto de no morir ¡cuando yo ya esté muerta!
Las ideas optimistas del siglo XVIII dieron un vuelco impresionante en el XIX, en el que pasó a dominar una visión más pesimista del futuro de la humanidad, que se basó principalmente en dos descubrimientos:

jueves, 26 de octubre de 2017

Algunas aclaraciones sobre la radiación cósmica de fondo


En 1948, Ralph Alpher y Robert Herman, del equipo de George Gamow, llegaron a la conclusión de que, si el universo hubiese salido de un Big Bang y se hubiese expandido desde entonces, debería existir una radiación cósmica de fondo en la zona de frecuencia de las microondas (o lo que es lo mismo, a una temperatura de unos 5K, 5 grados por encima del cero absoluto). Alpher y Gamow habían publicado ese mismo año otra predicción, la de la composición media del cosmos partiendo de la teoría del Big Bang.
En 1964, Arno Penzias y Robert Wilson estaban trabajando con un radiotelescopio muy potente de nueva construcción y detectaron un ruido de fondo que no conseguían eliminar. Primero pensaron que sería de origen terrestre, pero una vez eliminadas todas las fuentes de ruido posibles, el efecto persistía. Después llegaron a la conclusión de que dicho ruido no podía proceder del sistema solar ni de nuestra galaxia (pues en tal caso sería más intenso en una dirección que en otra), y que su origen tenía que ser cósmico. La temperatura de esa radiación (o sea, su frecuencia, teniendo en cuenta la ecuación de Wien) resultó ser de 3K. Robert Burke, del MIT, sugirió a Penzias que dicho ruido podía ser la radiación cósmica de fondo predicha por Alpher y Herman, cosa que, en efecto, se comprobó. Por este descubrimiento, Penzias y Wilson recibieron el Premio Nobel en 1978.
Junto con el argumento basado en la composición media del universo, la radiación cósmica de fondo dio el espaldarazo a la teoría del Big Bang, que se convirtió en la teoría cosmológica estándar (aunque véase un artículo anterior de este blog al respecto).

jueves, 19 de octubre de 2017

Partículas virtuales

The same post in English


Werner Heisenberg
El principio de incertidumbre de Heisenberg, una de las consecuencias de la mecánica cuántica, hace posible la aparición de partículas virtuales en el vacío, que aparentemente transgreden el principio de conservación de la energía, el más sacrosanto de la física. Esto se debe a que el principio de incertidumbre puede expresarse de varias formas, una de las cuales relaciona la incertidumbre en la energía con la incertidumbre en el tiempo:
DE.Dt≥ħ/2
Esta expresión se puede interpretar en el sentido de que un par de objetos, cada uno de ellos con energía E, puede aparecer espontáneamente a partir del vacío, siempre que dure como mucho un tiempo Dt<ħ/(2E). Estos pares de objetos se llaman partículas virtuales. Una de esas partículas es siempre materia, la otra antimateria, y su duración, de acuerdo con este principio, es ridículamente pequeña. Un electrón virtual, por ejemplo, duraría 1,3×10-21 segundos (poco más de una miltrillonésima de segundo). Cuanta más masa (energía) tenga la partícula virtual, menos tiempo durará. Al cabo de ese tiempo, las dos partículas se aniquilarán mutuamente y desaparecerán. Debido a su corta duración, la existencia de las partículas virtuales no ha podido comprobarse experimentalmente.
¿Es posible que estas partículas virtuales se conviertan en reales bajo determinadas circunstancias? Pues sí lo es, y se cree que hay por lo menos dos situaciones (algo drásticas, es cierto) en las que esto podría realizarse.

jueves, 12 de octubre de 2017

¿Está perdiendo la física el contacto con la realidad?


En su famoso libro póstumo The discarded image, publicado en 1964, unos meses después de su muerte, C.S.Lewis se adelanta a su tiempo y predice una situación que hoy día, en la ciencia física, se ha convertido en algo usual, y que no augura nada bueno para el porvenir de esta ciencia. Veamos una cita pertinente:
Las matemáticas son ahora lo más cercano a la realidad que podemos obtener. Cualquier cosa imaginable, incluso cualquier cosa que pueda ser manipulada por concepciones ordinarias (es decir, no matemáticas), lejos de ser una verdad más a la que nos llevaron las matemáticas, es una mera analogía, una concesión a nuestra debilidad. Sin parábolas, la física moderna no habla a las multitudes. Incluso entre ellos, cuando tratan de verbalizar sus hallazgos, los científicos empiezan a hablar de esto como "hacer modelos"... A veces [los modelos] ilustran este o aquel aspecto de [la realidad] mediante una analogía. A veces no ilustran, sino que simplemente sugieren, al igual que los dichos de los místicos... Al aceptar [una expresión como] la "curvatura del espacio" no estamos "conociendo" o disfrutando de la "verdad" de la manera que en otro tiempo creímos posible.